América Latina y el Caribe enfrenta una decisión crítica: transformar su estructura productiva o profundizar un ciclo de bajo crecimiento, desigualdad persistente y rezago industrial.
Durante nuestra participación en el evento Transformación productiva para un futuro sostenible en América Latina y el Caribe (2026), organizado por la CEPAL y la ONUDI, se discutió con claridad un punto central: la región no puede seguir postergando una estrategia de transformación productiva si quiere competir, atraer inversión de calidad y generar bienestar sostenible.
Los datos presentados apuntan a una realidad preocupante. América Latina y el Caribe arrastra un proceso de «desindustrialización prematura» que ha debilitado el peso del sector manufacturero frente a otras regiones del mundo. Esto no solo limita la productividad; también reduce la capacidad de innovar, generar empleo de calidad y construir economías más resilientes (UNIDO, 2025, p. 164; 166; 168-169).
Si esta trayectoria no cambia, las proyecciones hacia 2050 muestran un panorama complejo: bajo dinamismo económico, mayores emisiones y dificultades estructurales para cerrar las brechas sociales. En otras palabras, el desafío no es únicamente crecer más, sino crecer mejor.
A esto se suman las llamadas «tres trampas del desarrollo» (CEPAL, 2025, p. 144), identificadas por la CEPAL:
- Baja capacidad para crecer
- Alta desigualdad y escasa movilidad social
- Debilidad en la gobernanza institucional
En este contexto, la inversión —tanto local como extranjera— no puede seguir viéndose como un flujo pasivo. Debe convertirse en una herramienta estratégica para acelerar la innovación, fortalecer capacidades productivas y modernizar sectores clave. Más aún cuando la Inversión Extranjera Directa en la región se encuentra en uno de sus niveles más bajos desde 2010.

La discusión, entonces, no es si la región de América Latina y el Caribe necesita transformarse. Sino de cómo hacerlo con visión a largo plazo, articulando política pública, inversión estratégica, innovación empresarial y fortalecimiento institucional.
En TNBA, leemos este desafío como una oportunidad concreta para países como Guatemala y el resto de Centroamérica. La región tiene el potencial de insertarse con mayor fuerza en una nueva etapa de crecimiento, pero eso exige decisiones mejor informadas, capacidades de ejecución y una apuesta real por la transformación productiva.
Por eso, desde TNBA impulsamos procesos de investigación aplicada, innovación estratégica y fortalecimiento empresarial que permitan traducir tendencias globales en oportunidades tangibles para los actores locales. La transformación productiva no ocurre por inercia: se diseña, se articula y se implementa.
El 2050 puede encontrar a América Latina y el Caribe en un nuevo ciclo de competitividad industrial, o en un escenario de estancamiento más profundo. La diferencia estará en las decisiones que empecemos a tomar hoy.
Bibliografía
- Comisión Económica para América Latina y el Caribe. La Inversión Extranjera Directa en América Latina y el Caribe 2025.
- United Nations Industrial Development Organization. Industrial Development Report 2026: The Future of Industrialization. Building Future-ready Industries for Sustainable Development.